La vida es un juego

Estamos dentro de las "100 fundaciones que dan ejemplo", en el especial de Semana Sostenible.

Para esta fundación no existe un mejor método educativo que el juego y la imaginación.

Para la Corporación Juego y Niñez jugar es un asunto muy serio. Esa es la base de la estrategia que aplica para fomentar en los menores de edad la autoestima, las habilidades sociales y el respeto por el entorno. Desde el juego, miles de niños han aprendido que es preferible el diálogo antes que la violencia, y también que es necesario respetar ciertas reglas para poder convivir pacíficamente con los demás.

Ese fue el caso de Mariana*, una niña sanandresana que en sus primeros días en la ludoteca llamaba a los otros niños con sobrenombres, no le gustaba jugar con ellos y les arrebataba los juguetes que llamaban su atención. Por medio de juegos de disfraces en las que representaba diferentes roles, la ludotecaria logró que se integrara con sus compañeros y dejara de ser un factor de conflicto en el grupo.

Como ella, cientos de niños han pasado por las 37 ludotecas asesoradas por la corporación en asocio con las administraciones municipales y la empresa privada desde que empezó sus labores en 1999. “El juego, entendido como una actividad divertida, provocadora y rica en recursos afectivos, es una herramienta que facilita los procesos de socialización de los niños. Pero además les enseña a relacionarse con el mundo de una forma creativa, lo cual es fundamental para afrontar los problemas cotidianos de la vida”, explica Fernando Martelo, presidente del Consejo de Fundadores de Juego y Niñez.

Esa vasta experiencia le ha permito liderar cada año la celebración del Día de la Niñez. En la edición de 2015, la Corporación atendió simultáneamente a cerca de 55.000 niños en más 600 municipios del país. Además, 2.000 adultos entre docentes, madres comunitarias, líderes comunitarios, funcionarios públicos, ludotecarios y padres de familia han participado en talleres sobre estrategias pedagógicas basadas en el juego.

Aunque se tiende a pensar en el juego como un espacio accesorio en los procesos educativos, en esta fundación es justamente todo lo contrario. Según Martelo, está comprobado que las actividades lúdicas favorecen el desarrollo de habilidades cognitivas y emocionales, e inciden positivamente tanto en el desempeño escolar como en el comportamiento de los niños. “En suma, consideramos que el juego es un fenómeno fundamental para la existencia de las personas. Es un factor constitutivo de su ser social”, concluye.